Un problema muy manifiesto, no sólo en Chile, sino que también en el resto del globo, es la falta de espíritu político en los jóvenes, traducido a la falta de inscripción al sistema electoral. ¿A qué se deberá?
Aún no tengo muy claro si quiero inscribirme apenas cumpla dieciocho o esperar un poco, pero sin duda que uno de los principales factores que me refrenan el patriotismo es el eterno embrollo burocrático que representa este valioso “derecho”. Partiendo por eso, ya ni siquiera es un derecho como dicen los libros de historia y los bonitos documentos históricos, en nuestro país, como es sabido, es una obligación. ¿Es un derecho aquel que no se puede declinar?
Y ya inscribirse es un bodrio, papeles van y vienen, que el registro civil, que el carné, que los papeles, papeles y más papeles. ¡Dios! Para eso es más cómodo quedarse en la casa y ser dirigido como una oveja sin voz ni voto, pero no es la idea.
¿Otra niñita floja que no quiere hacerse cargo del futuro de su patria? No piense eso de mí, tengo fundamentos. Pongámonos en el caso de que yo feliz ciudadana Javiera Donoso ya me di la lata apoteósica de inscribirme en nuestro majestuoso sistema electoral con sus “flexibles horarios” y tantas “facilidades”, llega la hora de las elecciones, pero ningunos de nuestros bellos y honrados políticos que besan bebés y tiran dulces y promesas hermosas a su pueblo me convence, pero igual tengo que verificar dónde voto, ir allá como se pueda, hacer una fila de horas y horas con el rico calor de diciembre sobre la cabeza, ¿para qué? ¿Para dejar un papel en blanco o a lo más con una carita feliz? ¿Tiene más sentido ahora lo que digo? Y si no lo hago, ¡multa!, las UFs fluirán de mis bolsillos.
Y es por eso que esto es un gran y gordo “Sí” a la propuesta Giropaís de Inscripción Automática y Voto Voluntario, porque creo que si los jóvenes dejamos de ver el voto como otro trámite latero, nos interesaríamos más, al menos sé que yo lo haría.
por Javiera Donoso, 16 años, Providencia